domingo, 7 de junio de 2009

Y bueno … ¡es sólo fútbol!

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Tras la goleada ante Brasil la Selección va
a Venezuela peligrando no clasificar ni quinta
Cuando hoy parta hacia Venezuela poco después del mediodía la Selección llevará un incentivo muy firme, el de aliviar el duro golpe que siempre apareja una goleada en contra. Un 4 a 0, así sea ante el fútbol de gran categoría de los brasileños, o tal vez por eso mismo, siempre tiene causas que pasan por haber hecho muy mal lo que normalmente se hace más o menos bien.

La victoria ante Venezuela aparece como un resultado muy necesario. Ya los cuatro primeros puestos han quedado lejos y aunque no se debe descartar que en los últimos 15 puntos por jugar alguna de esas selecciones bajen abruptamente y suba el equipo Celeste, el objetivo presente parece estar reducido a conquistar la quinta plaza que posibilita disputar el repechaje, al cual por otra parte parecemos estar abonados. Algo se hizo mal ante Brasil. Perder por cuatro goles hace pensar que otras cosas nos pueden interesar prioritariamente, que no todo es fútbol en la vida. Hasta a jugar con ironías nos llevan estos golpes futboleros. Lo primero que se hizo mal, por el error individual y por la hora temprana en que sucedió fue convertir un tiro de compromiso del rival en un gol de biógrafo cuando apenas se habían jugado 11 minutos. Eso fue lo que hizo el golero español Sebastián Viera cuando puso su cuerpo de costado ante un remate muy lejano. La pelota picó varios metros antes y entró al arco sin que nadie la tocara. Fue un blooper inexplicable, de alcance internacional. Hasta entonces nada desusado había sucedido. A lo sumo, los visitantes practicaban monitos con los Celestes en cualquier zona del campo donde encontraban o creaban superioridad numérica. Pero eso lo hacen siempre gracias a su suave y precisa técnica en la pegada. Así arrancan sus jugadas sin el vértigo que le agregan después cuando se van arrimando al arco rival. No era algo raro. Mientras, los uruguayos, alentados por una asistencia que completaba a pleno el Centenario como desde hace mucho tiempo no se tenía historia, contrarrestaban con impetuosidad ese manejo futbolístico más fino del rival. Luego del 1-0 el accionar uruguayo mereció elogios, en tanto mantuvo su idea de ataque y la practicó. Tuvo la pelota, creó situaciones difíciles para el arco rival -como en la réplica inmediata al gol- donde Palito Pereira le erró a la pelota en el punto penal, o en la concreción de un gol en posición adelantada, en jugadas nacidas en requiebres de Malaka Martínez, en una gran jugada de Luis Suárez invadiendo por derecha y en un inmediato tiro de Forlán, en un cabezazo de Eguren que se fue desviado, en un tiro libre de Suárez rechazado por Julio César. Brasil contestaba con contragolpes de suaves salidas y terminaciones amenazantes. En uno de ellos, a los 32´, el árbitro argentino Laverni no quiso ver o no estuvo seguro de una falta de Valdez a Luis Fabiano ya dentro del área. Casi enseguida vino una muy buena jugada de Robinho con Elano entrando por derecha y de allí llegó el córner fatal. Lo envió Elano, cabeceó el corpulento Juan, especialmente llegado al área, y Viera respondió, abajo, rechazando la pelota y alguien la sacó hacia el mismo costado de donde había llegado mientras Eguren felicitaba al golero. La revancha vino otra vez en forma de centro al borde del área chica donde alguien (¿el Pelado?) se distrajo y Juan no. 2-0 es mucha distancia contra los brasileños. Tres minutos después se registró otra jugada clave: Palito Pereira se ganó un face to face ante el gran Julio César y ganó el golero del Inter italiano. Perdió Álvaro, el ex Miramar Misiones, y todo Uruguay.

Tabárez decidió volver del descanso con una modificación: Seba Abreu por Diego Pérez. Delantero por volante de contención. Un cambio para un equipo que va perdiendo 2-0. Un cambio que asume un riesgo pero buscando aumentar su poder de fuego. Una apuesta peligrosa que tuvo un mal complemento. El equipo no se ubicó bien sobre todo en su medio juego. Álvaro Pereira se mantuvo muy cerca de la raya izquierda, Malaka Martínez pasó a ser un indeciso ayudante de Eguren, el único volante central. Para peor, la presencia de Abreu hizo pensar al resto, seguramente producto de la desesperación y el apuro, que la llegada por alto era la mejor receta. Craso error.

Y el tercer gol llegó rápido, a los 6 minutos del segundo tiempo. Como para ser más demoledor y marcar el final del partido real, fue producto de una hermosa jugada. El disparo tajante de Luis Fabiano fue como un golpe de nocaut. Por eso, el partido tuvo ese tono de larga agonía -del partido y trasladándose a la posibilidad de clasificación entre los cinco primeros- que dominó el Centenario en los últimos largos 40 minutos restantes.

La expulsión de Luis Fabiano -castigo excesivo- pudo abrir expectativas. Sin embargo, en los 23 minutos en que Uruguay jugó con un jugador más que el rival eso no se notó. Vino el cuarto gol, el de penal, la amarilla a Eguren más la roja a Maxi, que le dejaron dos pequeños problemas más al Maestro en vistas al partido del miércoles ante los venezolanos que nos respiran en la nuca. Esta pesadilla ha terminado. El juego -¿juego?- muy impreciso practicado el sábado deberá dar paso a otro estilo que este mismo equipo ha manejado en otras luchas. El 4 a 0 se recordará como una de las grandes derrotas. Queda la posibilidad de aminorar el mal sabor de las grandes caídas. Una victoria en tierra ajena se hace muy necesaria. Disputamos la quinta plaza con Ecuador y Venezuela. Aunque cueste decirlo no es un triangular fácil. Las bajas ya anotadas y las altas de Lugano y Cebolla Rodríguez prediseñan un equipo distinto para el miércoles a las 22.00. Que sea para mejorar.
Jorge Burgell

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