miércoles, 23 de septiembre de 2009

Internacional de Carrasco

River voló ante Vitória para volar más tranquilo

Los darseneros le pusieron alas al sueño americano. Golearon 4 a 1 a un equipo respetable que los hizo sufrir pero terminó sufriendo. Zigzaguearon entre la practicidad del primer tiempo discreto y los pasajes de colección del segundo. Ya se ajustan el cinturón para ir a Bahía, donde la definición de la serie comenzará con una ventaja que alimenta la ilusión de llegar a los cuartos de final de la Sudamericana.

El primer tiempo darsenero contradijo varias de las falencias que habitualmente se le señalan al equipo que, en cambio, demostró carencias en rubros que hacen a su mejor identidad. Sin construir a raudales, concretó rápido y esperó más de lo que fue. Esta vez, la relación tenencia-concreción alcanzó un nivel prácticamente inverso al habitual. Córdoba se elevó luego de una buena corrida de Puppo, que sacó un centro desde la derecha para que el argentino cabeceara. Iban sólo 7 minutos y los uruguayos ya ganaban y embretaban a los brasileños.

La visita asumió la obligación a tal punto, que el deleite ante la sucesión de toques fue más habitual ante los avances norteños que ante los darseneros. Cosa rara para un partido jugado por el equipo de JR, que en la competencia de entrecasa casi siempre gana en el ítem tiqui-tiqui. No fue el caso durante el primer tiempo de dársena partida y estirada, con envíos de distancia para los puntas y faltazo de Zambrana. El enganche entró poco en juego, acentuando la sensación de equipo inconexo.

Las combinaciones bahianas despertaban sensaciones opuestas. Apodi se mostró como un lateral derecho más marcador que subidor y se entendió bien con los delanteros Neto Berola y Roger. El rombo del medio lo ayudó con Magal, que jugó por la derecha e hizo de poste para lanzar las trepadas de su compañero.

El toque brasileño pasó de dulce a empalagoso por culpa de algunos excesos de prolijidad que diluyeron jugadas que amenazaban con hacer pasar calor a los defensas uruguayos. No fue obstáculo para que el lujómetro se saturara a los 28 minutos y a los 39, cuando el volante Domingues y Neto Berola no pudieron terminar con éxito un par de unipersonales de las que Brasil exporta.

Paradójicamente, River pagó con reales la mejora que lo llevó a estirar la diferencia con el 2-0 de los 4 minutos del complemento. El brasileño Andresinho ratificó que es una importación de valor y metió una habilitación de primera para que Córdoba repitiera el plato y volviera a gritar.

En ese contexto, el descuento visitante pareció entre justo y demorado. Honró el funcionamiento brasileño del primer tiempo pero llegó justo cuando River jugaba como para conseguir lo que Andresinho haría mejor que nadie tras 15 minutos de aliento en la nuca: el brasileño de River se ató a la pelota y la llevó de cancha a cancha, para tirar por encima del arquero y marcar el 3 a 1. El anotador apenas lleva tres partidos disputados con los del Prado, pero se presenta como un futbolista desequilibrante: suele pasar cuando la velocidad se combina con la habilidad extrema. Ya venía pidiendo a gritos una titularidad que parece indiscutida pensando en el partidazo que enfrentará los de JR con Nacional el próximo sábado.

El tiro cruzado del Japo puso un 4-1 definitivo que puede haber sonado exagerado, pero fue un homenaje merecido para una zurda que se transformó en un seguro de buen juego. Un sello de identidad de un equipo que la semana que viene saldrá a la cancha con pasaporte abierto, esperando que llegue otro sello. Ese que hace falta para estirar el vuelo.

Martín Rodríguez

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